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¿Pueden las cooperativas de plataforma resolver la crisis del cuidado?

Por Julia Cófreces

En los últimos años la cuestión del cuidado adquirió una visibilidad significativa en nuestro país. Los cambios demográficos, que muestran un progresivo envejecimiento de la población, pusieron en evidencia el problema de cómo cubrir las necesidades de cuidado de una población mayor creciente, donde en el 70% de los casos la asistencia recae en familiares del propio hogar. A este escenario se suma una oferta de servicios que no alcanza: en promedio, hay una cuidadora domiciliaria por cada 67 personas mayores que demandan atención, y se estima que, en quince años, se elevará a una cuidadora por cada 98 personas.

El aumento de las personas que necesitan cuidados y la ausencia de respuestas a estas transformaciones permiten pensar la organización social de los cuidados, es decir, propuestas integrales que prioricen las necesidades y los derechos tanto de las personas que necesitan cuidado como de aquellas que cuidan, en el marco de un debate amplio que incluya a las familias, al mercado y al Estado. Sin embargo, la creciente centralidad de este problema contrasta con la ausencia de la cuestión en la agenda del gobierno nacional de Milei, quien optó por relegarla y dejar su resolución en manos de las familias y del mercado.

En este contexto emerge “CUIDARnos”, una iniciativa impulsada por la economía popular con el apoyo del empresario Gustavo Grobocopatel, que propone canalizar servicios de cuidado a través de una plataforma digital. A contramano del modelo laboral que instalan las empresas de plataforma en nuestro país y en el mundo, y en un contexto nacional que es social y económicamente adverso para el modelo cooperativo, el proyecto busca articular el uso de la tecnología con principios cooperativos y condiciones más justas para quienes trabajan. Sin embargo, la pregunta es inevitable: ¿puede una cooperativa de plataforma ofrecer una alternativa frente a los problemas que hoy plantea la organización social del cuidado?

En primer lugar, es sabido que la expansión de las plataformas digitales está reconfigurando el mundo del trabajo. En sectores como el transporte o el reparto, estas empresas se presentan como oportunidades de inserción laboral, pero lo hacen bajo esquemas que debilitan la protección social y trasladan los riesgos hacia los trabajadores, redefinidos como “socios” o “emprendedores”. No se trata de un debate saldado: el reciente fallo de la Corte de la Provincia de Buenos Aires, que reconoce a los repartidores como trabajadores en relación de dependencia, marca una clara tensión con la reforma laboral del gobierno nacional recientemente aprobada, que los considera trabajadores independientes. En este contexto, la aparición de experiencias que desafían el modelo de negocios de las plataformas puede resultar una alternativa superadora a estos debates, siempre y cuando representen una oportunidad sostenible y digna para sus trabajadores.

Por otro lado, si bien en la última década el cooperativismo se constituyó en un actor relevante para dar respuesta a las demandas de cuidados, también enfrenta limitaciones persistentes: dificultades de acceso al capital, desafíos en la gestión, obstáculos para la profesionalización del servicio y, en muchos casos, escaso o nulo apoyo estatal. En ese marco, la posibilidad de articular el modelo de plataformas con una lógica cooperativa y con el respaldo privado abre una oportunidad, pero también plantea nuevas tensiones.

El potencial de una plataforma cooperativa de cuidados no puede evaluarse en abstracto. Su viabilidad dependerá de condiciones concretas: que logre sostenerse en el tiempo, que ofrezca servicios de calidad, que amplíe efectivamente el acceso a los cuidados y que garantice condiciones laborales dignas, lo cual no es para nada sencillo. En un contexto donde el Estado se retira de la agenda de los cuidados, las plataformas cooperativas pueden abrir una vía innovadora y necesaria, pero difícilmente puedan, por sí solas, resolver una crisis estructural. Su aporte, en todo caso, es acotado pero no menos importante: tensionar el modelo dominante y reabrir la discusión sobre cómo organizar socialmente el cuidado en la Argentina.